COLIMA: PLANEACIÓN ANTE EL RETO METROPOLITANO

 

 


El proceso de metropolización en Colima tiene sus orígenes desde el siglo XVII, cuando por decreto los asentamientos contiguos de Colima y Villa de Almoloyan (hoy ciudad de Villa de Álvarez) se separan para pertenecer a dos territorios jurisdiccionales, que sin embargo siguieron conservando la estrecha relación de crecimiento que los llevaría a formar la primera conurbación del Estado en 1881.

Los instrumentos de planeación no aparecen sino hasta 1940 cuando se define por primera vez un Plan Regulador que define la estructura urbana de los dos asentamientos, declarándose la dinámica de conurbación oficial hasta 1980. Es durante el período de administración Estatal de la Lic. Griselda Álvarez que se reconoce a Colima y Villa de Álvarez como una unidad geográfica, económica y social, declarando el límite de la Zona Conurbada mediante un radio de 11 kilómetros cuyo centro se localizaba en el punto de intersección entre los límites municipales y una recta que une los dos centros históricos.
El año de 1981, representa para la cultura de planificación urbana colimense un parteaguas en la generación de un nuevo sistema de gobernabilidad urbana, y aunque pocos esfuerzos y acciones concretas se generaron a partir del decreto de conurbación, la planificación urbana y territorial se estableció como una práctica institucional dentro de la gobernabilidad local y regional.

Es hasta el año de 1997 que la redefinición de los límites de la zona conurbada empiezan a considerar dinámicas urbanas contiguas, pertenecientes a los municipios de Comala (6 kilómetros) que concentra gran parte del territorio de reserva ambiental de la región, así como un centro turístico-cultural de defensa de la identidad colimense; Cuauhtémoc (15 kilómetros) como un territorio afectado por su localización intermedia a lo largo del corredor económico regional Guadalajara-Colima-Manzanillo; y Coquimatlán (10 kilómetros) como el principal distrito de agricultura de riego de la región y sede de uno de los equipamientos educativos más importantes del Estado, el cual genera un flujo continuo diario de población estudiantil.

La continuidad de los municipios se presenta no solo en su tejido urbano, sino también en la interdependencia hacia el centro de generación, oferta y demanda de empleo, oferta de servicios básicos para el incremento o mejoramiento de la calidad de vida de sus habitantes, creando así una ciudad-región con un carácter de defensa de identidades locales al interior de sus células. La conurbación es sólo física para dos municipios, pero virtual y sumamente intensa en los aspectos económicos y sociales para las tres poblaciones continuas restantes.

¿Cómo enfrentar los retos actuales?

El Municipio de Colima, sede de la capital del Estado, centro rector del proceso de metropolización y de cambio hacia una nueva forma de hacer y llevar a cabo la planificación, toma la iniciativa de promover acciones de compromiso hacia la sustentabilidad. El primer paso, la creación del Instituto de Planeación para el Municipio de Colima (IPCo) el cual deberá afrontar los retos, no solo de la planeación metropolitana, sino también de su integración armónica con los cuatro municipios restantes que conforman la región metropolitana y a su vez, con los dos centros de desarrollo costero del Estado (Tecomán- Armería, y Manzanillo). El reto es entonces, responder a las demandas locales del municipio, dando respuestas, resultados e impactos que permitan la ampliación y adopción de estos sistemas a nivel metropolitano, con una visión de integración y de construcción de consenso, a largo plazo.
La intención es promover un modelo que sea replicable para los demás municipios, a efectos de conformar a mediano plazo un consejo metropolitano de planeación del desarrollo conjunto.

Gisela Méndez

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